Los 5 museos más románticos de Madrid

La oferta cultural madrileña es muy amplia y diversa, ofreciendo planes para todos los gustos. Como capital de España que es, Madrid recoge gran parte de los eventos musicales, teatrales y cinematográficos más importantes del país.

Más allá de los espectáculos transitorios, la ciudad alberga una grandísima cantidad de museos, galerías de arte y salas de exposiciones. Entre ellos, es indiscutible que los más famosos, y los que más afluencia de turistas reciben, son el Museo del Prado, el Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía y el

Museo Thyssen Bornemisza. Si bien es cierto que esos tres museos son grandes pilares culturales de todo el país y muy conocidos a nivel internacional, Madrid tiene muchos otros museos que bien merece la pena visitar. Hablamos de museos que, a pesar de no tener colecciones tan importantes o amplias, ofrecen a sus visitantes algo más que un espacio para observar obras de arte. Son lugares con encanto, museos románticos que, ya por sí mismos, inspiran a sus visitantes y les inducen una avalancha de sensaciones e impresiones.

Para los que buscan alternativas a lo convencional, hoy os traemos 5 museos con encanto que no puedes dejar de visitar.

Los 5 museos más románticos de Madrid en imágenes

1. Museo del Romanticismo

Encabezando esta lista de los museos más románticos de la ciudad de Madrid no podía ir otro que el Museo del Romanticismo, el cual se encuentra situado en un inmueble restaurado del siglo XVIII.

Anteriormente conocido como Museo Romántico, reabrió sus puertas al público a finales del año 2009 tras estar casi 10 años en reformas. Su inauguración original tuvo lugar en 1924, período en el que albergaba donaciones y depósitos de cuadros, mobiliario y objetos cedidos por Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, el Marqués de Cerralbo y Mariano José de Larra, entre otros.

Con los años, la colección del Museo del Romanticismo ha ido creciendo y, en la actualidad, recrea el estilo de vida, las costumbres y el arte del S. XIX.

El encanto o romanticismo de este museo reside en la cercanía con la que presenta lo cotidiano de la época. Más allá de pinturas que representan escenas maquilladas o contadas con determinadas intenciones, en este museo los visitantes pueden ser espectadores de la realidad de la época. De esta manera, en el Museo del Romanticismo podemos contemplar cómo eran las habitaciones en las que vivía Isabel II o Mariano José de Larra, así como los instrumentos que contaban y hasta lugares tan íntimos como los retretes que utilizaban. De hecho, una de las piezas que más llama la atención entre los visitantes del museo es el retrete de Fernando VII.

Si bien un retrete está bastante lejos de ser romántico, es la proximidad a la vida de estas personalidades lo que infunde esa especie romanticismo. Contemplando sus objetos y habitaciones es fácil sentirse trasladado al pasado y, por tanto, conocer de una forma más personal la cultura y costumbres de la época.

Además, el museo cuenta con un salón de té que es la viva imagen de un rincón romántico. Se llama Café del Jardín y, con sus preciosas zonas ajardinadas, está en completa sintonía con la vertiente romántica del museo.

2. Museo Cerralbo

Este museo le roba el corazón a todos los que lo visitan, pues posee un encanto inigualable. Su nacimiento tuvo lugar en 1922, cuando, tras fallecer, Enrique de Aguilera y Gamboa, el marqués de Cerralbo, dejó como legado al Estado su palacio y gran parte de su amplia colección privada.

Además de un amplio conjunto de objetos artísticos, Enrique de Aguilera donó toda clase de objetos arqueológicos de su colección personal. Entre los elementos artísticos que podemos contemplar en el Museo Cerralbo se incluyen cerámicas, pinturas, esculturas, tapices, monedas, mobiliarios, dibujos, armas, relojes y libros.

El edificio en el que se encuentra, que fue inaugurado como museo en 1944, fue declarado Monumento Histórico Artístico en el año 1962. El palacio permaneció cerrado al público durante varios años debido a obras de modernización, pero lleva reabierto desde el 2010.

Puesto que mantiene intacta su estética de época, la atmósfera que se respira en este museo es muy especial. Por ello, no podía dejar de aparecer en nuestra selección de los museos más románticos de Madrid.

3. Casa Museo de Joaquín Sorolla

Por sí sólo, el inmueble en el que se ubica este museo ya nos transporta a la época de Joaquín Sorolla. Construida a principios del siglo XX, esta fue la casa madrileña del pintor valenciano.

Con su acogedor y romántico jardín, la Casa Museo de Joaquín Sorolla debe estar en tu lista de imprescindibles cuando visites Madrid. Ese precioso jardín, además, se puede visitar de forma gratuita, por lo que no hay excusas que valgan. En él podremos deleitarnos con una fuerte inspiración andaluza, plasmada en todos los rincones del jardín.

Por supuesto, a su encanto y romanticismo de época también contribuyen los cuadros y el mobiliario que este museo alberga. Sobra decir que admirar y disfrutar de las obras de Sorolla ya es toda una experiencia.

4. Museo de San Isidro

Ubicado en la zona de La Latina, el Museo de San Isidro ofrece a sus visitantes un apasionante viaje a través de la historia de Madrid. Desde la Prehistoria hasta el establecimiento de la Corte, las distintas salas de este museo hacen las veces de máquina del tiempo para transportarnos por un sinfín de épocas. Algunas de las salas que podemos visitar en el Museo de San Isidro son: el Patio Renacentista, el Jardín Arqueobotánico, el Almacén y la sala de San Isidro.

5. Museo del Escritor

Para los enamorados de la literatura, el Museo del Escritor será su rincón ideal. Con más de cinco mil objetos, este pequeño museo emana encanto por todas partes. En él no podremos encontrar cosas valiosas desde el punto de vista material, pero si desde el punto de vista histórico y afectivo. La importancia de los objetos del Museo del Escritor de Madrid reside en quiénes los poseyeron y cuál fue su significado en la vida de esas personalidades.

En este museo podemos contemplar las pipas de Ramón Gómez de la Serna y de Julio Cortázar o una dedicatoria escrita a mano por Mario Benedetti para su amigo Juan Onetti, entre muchos otros. Sin duda, un rincón especial, diferente, curioso y romántico.

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